viernes, 4 de febrero de 2011

Tú, él, yo, aquel...



Andas por ahí e imaginas el perfecto paisaje para tu cuento en primera persona.

Pero ¡vaya!, al señor se le ocurrió la grandiosa idea de escribirlo en segunda, y para el caso creyó, debía suceder en la ciudad. ¡Patraña!

 No, no, no. Nada de eso. No relataré en tercera persona, lo haré, en todo caso, de una cuarta, quien podría ser el personaje. ¿Y el momento? Es lo de menos.

 Qué diablos. Si así se le ha de dar la gana, adelante, mientras, haz lo que quieras pero permíteme escribir tranquilo.

 ¿Y aquel? Dejémoslo en paz por amor a Dios.

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