jueves, 23 de agosto de 2007

Momento.

Momento es siempre, dicho mejor, es momento, escribir no es difícil, es momento. Deja a la idea sorprenderte, que te encuentre y atrape y ya no te suelte y se aferre. Usa una forma básica, toma la tinta del momentero, un buen momento en blanco cortado en hojas y listo. Deja fuera esos topes y lastres estorbosos, bien fuera, olvídalos. Luego dale la bienvenida a Luz, aún cuando no tenga invitación, ella te ayudará en todo momento. Un momento antes, observa por el ventanal esas bugambilias convidar tantita vida a su amigo colibrí. Acércate a un reproductor de música, el de tu preferencia, recomiendo uno de esos con labios semirojos y bucles acastañados, que suene melodías que tanto te gusten, por ejemplo esa canción de cuatro palabras con la que volabas pero no te caías y solo decía “es que me gustas”. No olvides tener a mano alguna otra melodía que te haga llorar, en momentos un toque dramático y a estas alturas es imprescindible. ¿Recuerdas ese aroma? si, ese de mujer ideal perfume, basta husmear el baúl y rascar, escarbar hondo, ahí encontrarás una, ¡ahí!, ¡qué no se escape!, toma esa de la playa desierta, con palmera de sombra y aire suficientemente fresco que le acaricie el rostro mientras mira olas. Para estos casos el jazmín, cocos, libélulas y cañas. Estarás satisfecho en el momento que escribas, satisfecho de alimento me refiero, incluso cuando se escribe algo bello como: lárgate maldita infamia, sin tener algo en la barriga dificultaría las cosas. Toma los caracoles y come las espirales, todas las que puedas, aún indispuestas, la coraza mírala y obsérvala y luego dala a las aves, "las espirales son tan espirales", siempre que no las sueltes, de preferencia que no sean caracoles sino caracolas. Por ahí seguro habrá unos rieles de acero –por donde pasó el tren– que parecen de hueso, hueso fuerte, que te llevan casi a cualquier lugar, menos al cielo, a menos que aprendas a volar de muy niño, a mi vecino un día le cortaron las alas apenas en la primaria, ya no podrá escribir el pobrecito, mas existe escapatoria, un boleto, un boleto te sirve para dar un viaje y ya depende de ti donde vayas, puedes ir lejos al lago seco o mejor sin planear a Marte, acuérdate de guardar la otra parte del boleto, con el podrías entrar al transporte cargadísimo de mentes y con suerte robar un sueño y también lo puedes escribir, siempre con la mayor duda y sin faltas de ortografía, o puedes ir a un concierto de cuerdas duras o de metales suaves o de voces y veces, o al cine de la pantalla infinita, dicen que nuca se termina la película, recomiendo la de tan siempre nuca, verbo silueta flor, sol con golpe coloreada a veces, delicioso engaño y lluvia libre, es muy buena, pero en todo caso ve la tuya, si, donde eres protagónico. Puedes invitar al reparto de gentes personas y humanos y no tan hipócritas y egoístas que gustes, o ve la que quieras o la que te recomiende tu mejor amigo, que si no tienes, estas a tiempo de invitar. Escarba nuevamente ahora en tu pecho, y no en la cabeza de otro, en tu pecho. Cerca encontrarás sistólicos porvenires y diastólicos devenires, tretas fortuitas, eternos nadas o sustantivos adjetivados simples, espejos ríos antideslumbrantes y llanuras al descanso listas, guárdalos en la zona libre de ataques de tu memoria, donde no llega el virus de la tristeza y ahí continúa, escribe. Toma el papel cargado de manchas y claros salteados, acércate a la fragua y no lo quemes, enséñalo, siéntelo, procura ya olvidarlo, solo reléelo si es suma e indispensablemente necesario, entonces y sólo entonces repite la operación al pie de la letra. Puedes cambiar algunas cosas, la mujer, las caracolas, la flor, el viento, la luna o el sol, la alfombra verde, la fogata, la película y las canciones cantadas al oído y bajito, los lapsos se fueron y no volverán, sólo pasado un momento. Recuerda, este es por fin momento de escribir y punto.
Víctor Alvarado.
Abril 2006.

1 comentario:

Isaí Moreno dijo...

Espirales tan espirales.
Escritura tan escritura.