lunes, 23 de abril de 2007

Y qué ahora

Que venga alguien y me diga si no han sido suficientes todos estos siglos para que la gente de mi país, mi México, pueda vivir de una vez, vivir.

Que me lo digan porque yo no sé.

Y cuando me refiero a mi país quiero decirlo todo, de punta a punta, en todos sus rincones, montañas, litorales, ciudades, rancherías. Y cuando digo gente me refiero a toda, a todos los seres sin razas ni mezclas mal-llamadas, solo humanos. Y cuando me refiero a vivir quiero decir vivir, no supervivir.

Todos esos muertos, revolucionarios, incautos, promotores, bienaventurados, dejados, despreciables, mártires; hombres y mujeres. ¿qué de ellos?, ¿qué pasó de ellos?, ¿que ocurrió con ellos?

No basta con buen comportamiento; si detrás hay vivales corrompibles, no basta con los sueños deseados de miles; si detrás existen hombres sedientos de poder, no basta con luchar por décadas, prepararse y estudiar; si detrás habrá alguien con dinero deseando más dinero.

No puedo entender cual sería la conclusión histórica de este mazacote de ideas tan dispersas como diferentes, de esta aglomeración tan rica de colores, difusa de creencias e insoportablemente cotidiana.

Pero si la historia se escribe día a día, supongo que jamás habrá conclusión. Esto dejémoslo a los expertos historiadores y estudiosos del tema. Yo solo me limitaré a imaginar que en un futuro tal vez no tan lejano, podremos prescindir de tanta inmundicia y codicia, y con un poco de suerte mejoren las cosas, ya para mis hijos o nietos, ya para los nietos de mis nietos.

Y en este transcurso habremos de ver como suceden las cosas, como sigue pasando de frente este tren encarrilado sin frenos de la vida. Y la única solución posible, y espero momentánea, será, creo, cooperar de alguna forma desde nuestra trinchera, seguiremos pintando, escribiendo, actuando, leyendo, escuchando y creando música, trabajando, arando la tierra, arando la vida, cosechando de a poco, de a fruta, y esperando con más fe que esperanza que todo termine para nosotros, así rápido, así nuestra vida y no la vida misma, que seguirá por siempre.

Platicando los sueños con nuestros amigos soñadores, desearemos que nos dure el tiempo para pisar descalzos la arena de las pirámides, para ver las estrellas de allá del otro lado del mar, para dormir una noche en el bosque asechado por los osos, para acariciar de una vez esa piel tersa de las focas blancas, para nadar en el agua bendita de mi pueblo el mundo, sin la frontera, al fin imaginaria de mi tierra, pues mi pueblo es la Tierra.

Cómo decir a mis amigos humanos que deben enfrentarse, sin hacerlo, a este monstruo de saber: ¿que será?, a esta historia personal finita, insuficiente. Cómo, si por lo que viven es una pantalla de cuarenta y cinco pulgadas para ver la historia de otros y no la suya.

Cómo vivir con esto y a la vez luchar por la misma pantalla, por el mismo deseo de ver y aprender de la vida, de las historias de otros.

Cómo, dejando de lado a la Madre Naturaleza, cada vez más golpeada y erosionada, ensuciando nuestro espacio y el de todos, contaminando y maldiciendo al que lo hace.

Quizás es así, aunque lo neguemos, quizás sea así aunque lo niegue, es así porque así es.

Ya no hay remedio, así es y será este pedazo de tiempo que ya pasó, así es y será sin remedio.

Se me ocurre algo, que pasaría si mañana, todos despertamos con el deseo colectivo de mejorar nuestras vidas y la de los otros por consecuencia, una nueva vida nunca antes imaginada, una real y verdadera conciencia colectiva. Y sin levantarnos en armas y sin pretender engañar a nuestros hermanos, no tiraremos un solo papel en la calle, no insultaremos más ni pretenderemos engañar al otro, no traicionaremos a nuestras parejas con la tentación más próxima, no tomaremos dinero que no es de nosotros, no empujaremos a nadie para entrar primero, no timaremos a los niños, no pasaremos más semáforos en rojo ni ofreceremos dinero a cambio de multas, diremos si cuando haya que hacerlo y no cuando haya que hacerlo. Por primera vez, dejaremos de ser nosotros y seremos otros.

Víctor Alvarado.

Septiembre 2006.

No hay comentarios.: