lunes, 16 de abril de 2007

Historia de Cigarros.

Historia de Cigarros.



Hace algunos años, en una tabaquería muy cercana, vivían dos cigarrillos. Uno era de finos y rubios tabacos, se decía de aroma y cuerpo envidiables; tenía filtro. Estaba engrandecido por su alquitrán y otros atributos; era la envidia del resto, pues se creía el elegido. El muy pedante y presumido se dejaba encender sólo con flama de combustible líquido. En una cajetilla adyacente, vivía otro cigarrillo, su hogar era muy humilde y frágil, a lo mucho se formaba de papel arroz. A pesar de ello, este cigarrillo poseía grandes cantidades de nicotina; era tan valiente y audaz que le importaba poco arderse con cerillas, incluso se decía, con restos de algún camarada agonizante.

En aquel lugar se rumoreaba de los míticos y descabellados presagios del habano supremo y que el gran día estaba próximo. Pronto, de entre los habitantes, surgiría el cigarro elegido y, de una vez por todas, nos salvaría a todos de nuestro fatal destino.

¿Serán por fin cumplidas las profecías del habano?, ¿a cuál de esos dos deberemos seguir?, ¿cuál será el enviado?, Se oía preguntar a don Chicote chirriando.

—Seguro ese es el bueno. Vean ese porte, esa calidad. De menos andará en boca de importantes. Masculló roncando Mr. Panetela.....

—Andan ustedes mal, el elegido es el otro, ha surgido desde abajo. Dijo nervioso y temblando, el señor Tabaco.

—¡Ajá!, mientras no terminen destripados en la letrina, ¡ajá!, porque ni a la cena llegan ¡ajá!, Del hondo cenizal, se escuchó el grito apagado y sordo de una desolada colilla.....

— Ojalá hagan feliz a alguien, en festejo, con tragos, charla o cafecito. Platicaban fascinados tres puritos amigos.

Hubo opiniones divididas, deseos ideales, conclusiones desastrosas, augurios, conjeturas. De entre el denso humo del ambiente, parecía avecinarse una especie de delirio. A correr empezaron las apuestas. Yo le voy con esto al pobre, decía casi la mitad de los miembros, mientras casi la otra mitad replicaba: ¡Doble o nada pongo al rico!

Y así pasó día tras día, noche tras noche, cajetilla tras cajetilla.

Se cuenta que llegado el momento, la hora precisa, las predicciones anfibológicas del habano supremo, finalmente se cumplieron.

Nadie vivió para contarlo. Nunca se supo cual de los dos cigarrillos fue el elegido. Sin embargo, hoy se comenta que uno dio tos y el otro cáncer.


Víctor Alvarado.

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